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La Maldición de Howard Carter:
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6 cuentos / 1 novela / 310 páginas


Fragmento novela corta (Nahui, el Salvaje)


La canoa está varada hacia un costado en los arenales, bajo un estambre de salpicaduras relucientes arrojadas por las entrañas del mar.
A esa hora la luz adensa y colorea la materia, como si solo entonces empezara a existir, durante la puesta en marcha del mecanismo laborioso de la vida. Para gustos, colores: verde, verdemar, glauco (como el primero pero más claro), ocre, indefinido, caoba, purpúreo, caolín (blanco perfecto). Un cromatismo que suscita (provoca) una actitud contemplativa. Para llegar hasta la playa, Nahui ha circundado la ciénaga, los cañaverales de la malla fluvial, transitó entre montañas nevadas, por corredores estrechos cuyas floraciones perpetuas segregan un néctar mortal para ciertos lepidópteros, unos con propiedades curativas, de trompas grotescas arrolladas en espiral y alas traslúcidas, que pocas veces abandonan la protección del valle encantando, donde, aparte de fábulas y conceptos, habita una criatura musical, casi pantera, bella, casi humana, no resistible, no gobernable, intemporal. Hechiza a jíbaros, kiowas, guatemaltecos; obsesiona a castellanos y hondureños, embriaga a los pehuenches con un lánguido o leve cántico, similar al aderezo vocal con que las sirenas sustentan el halo de su propia leyenda. Su nombre es Beyoncé. Entre las breñas del folclore (referido a la actitud psicólogica y el entorno natural), Nahui zanja la narrativa idealista, acuciado por una realidad más prosaica (insulsa, aburrida, pocas veces incluso vulgar). Una frazada de insectos, con capacidad aérea y mal humor y la consigna de matar o morir, está emergiendo por sobre la maleza, cerca al homínido. Primero la confundió con abejas, pero según contó más tarde, eran flores, azaleas, amacayos, alquimilas, quizá petunias y borrajos (hojarasca), sincronizadas para dar caza al hombre muchacho. El jardín colgante, por mutación, o a causa del refinamiento evolutivo, o como resultado de un experimento fallido, sigue una estrategia gregaria; basada en la mejor defensa, que es el ataque, embosca al intruso, a cualquier enemigo potencial, sea o no herbívoro, humano o animal. Excitadas por las moléculas odoríferas del espécimen, salen desde todos lados, juntan las partes de cada flor soldado (pétalos, corolas, brácteas, bracteolas, pedúnculos, tallos, peciolos), se adhieren unas a otras, bullen, espesan un cepo sobre el nativo. Está inmovilizado, respira con dificultad, por los ayocotes del polen (los granos diminutos le parecieron fríjoles), apenas consigue avanzar, piensa abrir una trocha a manotazos, tiene los pulmones agobiados en un secarral de vidrios molidos, resuella, oye el fragor de la rehala (una jauría de perros), nota el distanciamiento paulatino. Queda embotado, sin fuerzas, deduce que Irepane se reirá a carcajadas cuando sepa la manera en que murió sin heroicidad ni distinciones, bajo aquellos verticilos florales (ramos, hojas, campánulas, al mismo nivel). El taíno arremete contra el contorno amurallado, choca una vez y se tambalea, por un vahído (un mareo, una náusea), una derrota convertida en victoria, porque terminó cayendo de bruces fuera del cerco asfixiante, respira a bocanadas ruidosas y se aleja, confortado por la frescura medicinal de un aire que bebe como si fuera agua pura. En un porvenir, cifrado entre los vuelos videntes del alcaraván, el Museo de Historia Natural publicará un extenso herbario, cuya realización genera abundantes notas, tan meticulosas que ahorran el esfuerzo de repasar índices y hojear muestrarios al buscar entre láminas de hongos, cortezas, cáscaras y follaje y semillas. En una adenda ulterior, insertaron un biotipo (modelo característico de su especie) muy agresivo, de singular rareza y adaptado a un hábitat flotante. La cita académica confiere veracidad retrospectiva al incidente, aunque antes fue clasificado como patraña. Los gacetilleros anudadores burócratas, entrometidos y fisgones, con tendencia al sensacionalismo y a tergiversar sin reparo todo cuanto sea noticiable, registraron el asunto a su manera, refieren a un chiflado que vio gigantes donde solo habían remolinos y broza.


FJ Padilla
Carpe Diem - javier @ estrella.ws