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La Maldición de Howard Carter:
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6 cuentos / 1 novela / 310 páginas


Fragmento novela: Nahui (el que navega al mediodía)


La aldea bucólica y homogénea había desaparecido, en su lugar encontró un distrito de chabolas, un suburbio, una capital atravesada por seis rutas regulares de comercio, bullicio y gentes que hormiguean por los puestos ambulantes del mercado, vio forásteros, mercanchifles estrambóticos, una reserva geriátrica, de puertas abiertas, cuyo porche ensombrecía una hilera de mecedoras, donde los bisabuelos dormitan hasta la hora en que un celador avise del almuerzo o una puericultora los conduzca al balneario. Xoniquetzal, la que está al caer, le previno: “¡Cuidado! Está todo muy revuelto”. Las circunstancias, la inclinación a interactuar con los demás, o la curiosidad, o el impulso afectivo, quizás los pequeños engranajes, en suma, que accionan la trama infinita de lo cotidiano, propusieron el momento típico y la esquina sin pertubaciones donde adicionar charla al saludo, así pues, hablar por hablar, respondió: “Y tú que lo veas con salud”. Supo que más allá, había un conglomerado de feudos, tantos como caciques gobernantes, entre otras novedades, debía considerar lavarse las manos con agua y lejía para no contraer una enfermedad, rara y contagiosa, e intratable hasta la fecha por quienes sustituyen a los curanderos pasados de moda, llámalos galenos, unos sabios instruidos en las modernas artes científicas. Al despedirse, Nahui le pidió un abrazo, Xoniquetzal accedió por lástima, con una sonrisa amplia, los machos me arrancan la braga sin tanto mohín, dijo o reprochó o propuso o dejó caer; a continuación siguieron direcciones opuestas y aquella fue la última vez que se vieron sobre la faz del mundo. Anda perdido, va preguntando dónde viven los Yupani, primero analizó la intencionalidad de las palabras dichas por la amiga vecina, la que antaño ponía a desecar tendales de salazón frente a su puerta; tal vez tuvieron un ánimo despectivo, un reproche para el eclipsado que recoge flores en lugar de machucarlas, pero según se mire, Xoni, la dueña femenina del susurro meloso, se había insinuado, consiente ser subyugada con rudeza, puede romperle el tanga sin lastimarla y obedecerá al furor de separar las muslos y sentarse a horjacadas sobre su masculinidad. No importa, nunca fue una mujer hembra fácil. ¿Disculpe, conoce a los Yupani?. El plan urbanístico ha centrifugado la ciudad en crecimiento, imponiendo distancias díficiles de recorrer a pie, desmanteló barrios enteros, que se reconstruyeron en otra parcela, conforme a la maqueta improvisada por la mano pretorial a impulsos de su digestión. Nahui deja atrás las calles recientes, el extravío, las tómbolas, los pedigueños, las comparsas buenas de Tarifa, el faquir suspendido a tres palmos del suelo, frente al que se detuvo y solo cuando determinó el artificio oculto bajo la alfombra voladora, pudo seguir adelante. Está orientado, tiene claro que entró por el septentrión (norte) desde la cala, la lógica cardinal le llevó por un laberinto transparente y una geografía plana, hasta reconocer el barrio o la aldea familiar a lo lejos. Entretanto, encontró dos ritmos evolutivos, siete clases sociales, tres colores de piel, morena, pálida y el azul feérico (fantasía) que colorea a las esposas de Shuri, dos hermanas gemelas entre sí, enlazadas a un ritmo especular por la afectación y los ademanes púdicos bajo el parasol de muselina, adelantan la misma pierna y se apoyan en la anterior a pasos coincidentes, sin evitarlo, van abriendo una trocha entre el gentío que se aparta en dos gradas de espectadores aprensivos. La escena irritó a Nahui, es un pueblo de mierda, murmura al recordar un cuento visual donde unos hombres menudos, bajo sus gorros de chirimbolo terminados en sonajero, atienden y cuidan mejor a sus hadas caribeñas, aún desconoce que tales criaturas en verdad no existen, pero sí el megalovirus eucarionte o la modalidad literaria de la escarlatina. Tampoco detecta el significado profundo del trazado vial, diseñado en aparente frenesí, que exige una visión aérea para emparejar las letras capitulares relativas a las siete mujeres que se desposaron con el libertador duce, comandante supremo para decuriones y decenviros, supervisor de los ediles merinos, dignatario en todos los reinos circunferidos, tetrarca decisorio, jurisprudente, Gualeguaychú Uno Zarpa de Puma, quien nació ungido. Los días previos al embarque, mientras remata la nave crucial, fue asimilando los cambios ocurridos, las novedades del entorno y el orden implantado por la publicación del secreto de la lumbre. Los clanes necesitan justificar su impulso militarista con nuevas doctrinas, la guerra por el fuego precedió a la del agua dulce, la compatible con el consumo humano. Ñamandú usa carbón, funde malaquita, estaño, y otros minerales, consigue bronce metalúrgico, necesario para fabricar el utillaje resistente del progreso. Al ver aparecer a Nahui le sermonea: ¿Tú no estabas muerto? No quiero vagabundos en la familia. Empieza a pensar en cosas serias. Dicho de otra manera, el clima actual exige productividad, braceros para acarrear montañas de piedra caliza y granito desde la cordillera escalonada hasta el desierto y de ahí arrimar morteros a los del andamio, que emparejan y sueldan con argamasa la catedral funeraria en construcción. No pagan mucho, pero evita ser citado por el censor ejecutivo, ahorra soportar la charla moralizante y falsamente paternalista, como advertencia a los que eluden obligaciones, no toman esposa, no proponen descendientes, retraidos por la pereza o los idealismos ante la cuestión práctica. Nahui pierde el hilo de la la amonestación conforme suena la comparación entre su actitud insolidaria y la cultura del cuco que pone sus huevos en el nido de la urraca, oye estereotipos sobre el esfuerzo común, las malas compañas, los marginados. Las mejoras en el desempeño colectivo llegan transmitidas por los de afuera, mercaderes, aventureros, algunas requieren un ajuste para el servicio local o inspiran otras, aún queda mucho por hacer. Asiente, aunque en un plano más elaborado, en ese moment está imaginando una vela arrollable, sólida y flexible a la vez, tramada para propulsar la velocidad de crucero y resistir tempestades y podredumbre. Aprenden unos de otros, modifican lo anticuado, aprovechan las máquinas biológicas a su alcance, mulas y bueyes, orientadas al transporte pesado, el arado, la molienda de cereales. La liberación, la energía sobrante y el tiempo libre, permitieron a los especialistas una formación más exhaustiva, saben interpretar con fluidez los augurios atmosféricos, por consecuencia directa, anticipan la temporada de los huracanes, o las lluvias torrenciales, conque pueden corregir la planificación agraria, suspender las explotaciones mineras, acumular provisiones, o lo que proceda en cada supuesto. El puño dialéctico del poder, Outube, aviva los ánimos del electorado en sus campañas propagandísticas, habla de tractores, cooperativas, desarrollo sostenible, caucho, pesca ecológica, reforestación; caminar juntos por el cauce histórico, defender la misma bandera, válida e indivisible, honrar a los héroes que la enarbolaron, no yacen bajo una tierra deleznable, o un zoco para los poderosos. Está en juego el bienestar común, el bienestar concreto de cada comunidad e individuo, y familia y estrato social, contrapuesto al precio que estamos dispuestos a transigir para lograr una convivencia pacífica, cuyas reglas de juego tal vez no satisfaga a unos pocos, a quienes eligieron aprovecharse del pueblo para convertir su ciudad en un inmenso puerto franco, los que pugnan por desintegrar la unión, enemigos del adalid, Gualeguaychú Uno Zarpa de Puma, la fiebre populista, las escisiones ilícitas, la degradación demócrata, o la entrega de la responsabilidad a visionarios y quijotes, son algunos grandes problemas que ocupan la agenda latente. La concordia da estabilidad, esta permite afrontar el riesgo y acometer reformas sustanciales, no limitadas en el tiempo, reformas genuinas, muy diferentes a la oratoria de los guajajuras y los aibá. Mencionó no sé qué ladrillos, necesariamente tecnológicos, dijo que la mejor inversión posible para el cacicazgo son ustedes, los ciudadanos. El pregón, la conferencia, el mitin, el discurso, la arenga o lo que fuera aquella declaración ministerial, dejó en suspenso a Nahui; primero, no sabe cómo harán mayúscula la i pequeña de inspiración, porque es analfabeto. Segundo, a propósito de las libertades civiles y la dignidad humana, desconoce el contenido, los plazos o la vigencia, menos aún el significado o las implicaciones y la garantía de tales derechos. Esa tarde estuvo con el amigo hermano, Roi Uman, actualizando cuestiones de interés relativo, Ezcocano Tzul, había inventado la libreta, con una espiral de alambre. Los buriles, el anudamiento en los quipus y el estilo pictográfico, han sido sustituidos por plumas de ganso, tinta y pergaminos, más una treintena de caracteres que convenientemente unidos forman la caligrafía fonética de Jimagua. Permite escribir igual que se habla, aseguró Roi.


FJ Padilla
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